no existe un acto de amor más grande que el del viento a un diente de león
no lo hay
en un suspiro y, al leve contacto /íntimo/ le desnuda, le arranca toda ley, dejando así el porvenir ingrávido sutil y lo hace libre y lo eleva y lo impulsa y lo mece lo mece mece amor de remolino cometa vegetal surcaviento en equilibrio entre sus dedos
luego tras el éxtasis de vuelo lo deja suavemente en el sueño de ser mañana
no existe una entrega tan grande como la que hace al viento un diente de león
Al final
se nos llevará el viento
cuando, muertos,
nos deshaucien del cielo
nos expropien el suelo
y hagamos la dación en pago
hasta del vaso funerario